URBANISMO DE BARCELONA. EL TABLERO DE AJEDREZ DE ILDEFONS CERDÀ
El urbanismo no es únicamente el arte de trazar calles o alinear parcelas; es, ante todo, una disciplina social que condiciona la salud, la convivencia y el porvenir de una comunidad. Aunque desarrollo mi actividad profesional y resido en Dénia, mantengo desde siempre una estrecha vinculación vital y afectiva con la ciudad de Barcelona. Esta doble perspectiva territorial —unida a mi vocación técnica por la ordenación del espacio más estructural— alimenta una profunda admiración por la figura y la obra del insigne Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Ildefons Cerdà.
Esta reflexión surge al calor de estos tórridos días de verano, tras recorrer pausadamente las calles de l'Eixample y visitar espacios de referencia como el Museu de Ciències Naturals, el Museu Marítim y el Museu d'Història de Barcelona (MUHBA).
Sin profundizar exhaustivamente en su biografía, es imprescindible recordar a Cerdà como un auténtico ingeniero humanista, guiado por férreas convicciones morales y por una concepción casi empírica del urbanismo higienista. Cerdà concibió un inmenso tablero de ajedrez capaz de transformar la asfixiada Barcelona decimonónica en una metrópolis cosmopolita e igualitaria. Si bien es cierto que las posteriores revoluciones de la microbiología arrinconaron buena parte de aquellas teorías higienistas —herederas de los modelos parisinos de principios del siglo XIX—, el rigor métrico y la visión estructural de Cerdà sentaron las bases fundacionales de la disciplina urbanística contemporánea, y si la Barcelona de hoy destaca por el modernismo del arquitecto Antoni Gaudí, por su luz y creatividad desbordante, la huella territorial y humanística de la ciudad es desde mi punto de vista, por obra y gracia del ingeniero Ildefons Cerdà. Indudablemente, dos genios a los que la ciudad les debe por igual.
Cronograma histórico: La gestación y batalla del Ensanche
Reflexiones finales: La desvirtuación del modelo original
Al analizar la Barcelona actual frente a los planos originales de 1859, los técnicos no podemos evitar una lectura crítica sobre el grado de cumplimiento de la ordenación de Cerdà.
Es evidente que el análisis crítico debe efectuarse con las gafas de la época, aunque no resulta nuevo que la presión especulativa y la gestión municipal posterior alteraron de manera sustancial la esencia de su proyecto:
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Ocupación y edificabilidad abusivas: Cerdà concibió manzanas edificadas únicamente en dos o tres de sus lados, con alturas moderadas y patios interiores ajardinados abiertos al tránsito vecinal. En la práctica, las manzanas se colmataron en sus cuatro costados, se incrementaron las alturas reguladoras (mediante remates y áticos) y se densificaron los interiores con talleres y almacenes, sacrificando la luz, la ventilación y las fachadas libres del proyecto original.
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Grandes piezas territoriales desaparecidas: La realidad construida suprimió tres infraestructuras vertebradoras que Cerdà había planificado cuidadosamente en la escala comarcal:
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El Hipódromo metropolitano. Además del moderno tranvía, en aquella época, además de los peatones, eran los carruajes de caballos los protagonistas de la movilidad urbana. Poco a poco, la ciudad fue evolucionando y sus necesidades también. Quizá por todo ello, se sustituyó la manzana de 23 hectáreas del hipódromo de Cerdà por manzanas edificadas y como no, la Sagrada Familia.
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El gran Cementerio general de llanura, concebido con criterios sanitarios avanzados. Parece que finalmente se dispuso otra ubicación más adecuada para el campo santo. Actualmente, entre el Parque y Ronda del Guinardó.
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Y, muy especialmente desde una sensibilidad medioambiental, el Gran Bosque fluvial paralelo al río Besòs, una masa forestal y pulmón verde continuo que habría dotado a Barcelona de una infraestructura ecológica sin parangón junto al mar Mediterráneo. 270 hectáreas que estaban destinadas a convertirse en el gran pulmón de la ciudad, un magnífico y monumental parque público de red primaria a modo de parque forestal que se hubiese convertido en el máximo exponente de la infraestructura verde de Barcelona. Desgraciadamente, respecto a este detalle, sobre el que no he encontrado muchas referencias, debo decir que la historia se repite, y actualmente estos elementos estratégicos de la ordenación urbana estructural los dejamos para el final, o incluso para nunca.
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Pese a estas desfiguraciones, la solidez geométrica de la malla ortogonal y la generosidad de sus viales y chaflanes han permitido a Barcelona reinventarse y absorber el tráfico, la movilidad ciclista y los nuevos modelos de supermanzanas. El legado de Cerdà nos recuerda que el planeamiento debe ser siempre un acto de valentía técnica y compromiso ético con las futuras generaciones, y si me apuran, me atrevería a decir que el urbanismo y el humanismo deberían ser disciplinas indisociables.
Jesús Reina,
Ingeniero de Montes (Col. 2443), e Ingeniero Ténico Agrícola (Col. 858). Miembro 336 de Asociación Peritos Colaboradores Justicia C.V. Experto urbanismo ICAV según TRLOTUP